Martín el taxista de Almería y Larussi, el marroquí que llegó en una patera a España hace ya diez años, no se conocían. Se ven por primera vez cuando hacemos este viaje a El Ejido, una gran zona de cultivo intensivo y probablemente una de las principales fuentes de ingreso de la provincia. Justo al lado de los inmensos invernaderos de plástico, en donde crecen las hortalizas destinadas a la exportación, se reparten decenas de chabolas, viviendas precarias construidas con plásticos, cartones y algo de madera. Aquí no hay luz, ni agua potable, ni servicios sanitarios. Así viven un grupo de inmigrantes, en su mayoría llegados de África del Norte, que de noche duermen en sus improvisadas casas y de día trabajan en los cultivos, o mejor dicho trabajaban.