Juárez, ciudad de violencia y muerte

Atentados, homicidios, ejecuciones son el pan de cada día en Ciudad Juárez, localidad mexicana, fronteriza con Estados Unidos. Los 1.600 muertos registrados el año pasado son la consecuencia más visible de la narcoviolencia, fenómeno que parece imparable pues probablemente la cifra de asesinatos sea muy superior en 2010.
Una serie en cuatro capítulos de Patrick John Buffe.
La actual ola de violencia en Juárez se alimentó de la descomposición social iniciada hace años en esta urbe fronteriza, habitada principalmente por obreros de las maquiladoras.
Algunas organizaciones denuncian que la realidad de los juarenses se caracteriza por la falta de oportunidades, de servicios y de condiciones para una vida digna, un alto nivel de desempleo y pocas opciones para los jóvenes, lo que los hace vulnerables al consumo y mercado de las drogas.
Entre los numerosos males que aquejan Ciudad Juárez, se suman los atropellos de la fuerza pública. Detenciones arbitrarias, torturas, acusaciones y juicios inventados, secuestros y abusos de todo tipo son algunas de las denuncias contra los policías federales que desde abril pasado patrullan en las calles de la ciudad. Sin embargo, ahora es posible enjuiciar a los policías federales por estos abusos.
En Ciudad Juárez la violencia se genera desde diferentes fuentes. Los dos principales cárteles de la droga luchan entre ellos por el control del territorio. Estas mismas organizaciones libran además una guerra contra las fuerzas del orden. El gobierno ha contribuido al caos por su incapacidad de resolver los casos, lo que ha generado un clima de impunidad. Y en este contexto, el crimen común ha aprovechado para ganar terreno a través de varias formas: secuestros, extorsiones, etc.
Ciudad Juárez es el campo de la batalla entre dos cárteles: el de Juárez y el de Sinaloa. Las diversas medidas contra el crimen organizado tomadas por del gobierno se han destacado por su ineficacia. Durante dos años, 8.000 soldados patrullaron las calles de Juárez, pero el número de muertos no dejó de ser considerable. Luego se decidió el retiro del ejército y desde hace cuatro meses la seguridad de la ciudad está en manos de la policía federal. El resultado ha sido el recrudecimiento de la violencia.
Los habitantes viven atrapados en esta espiral de criminalidad y sangre, y muchos afirman que la mejor solución es irse.

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